“El monóxido de carbono se origina por la combustión incompleta de productos carbonados”. “Casi todos los elementos de uso cotidiano tienen moléculas de carbono en su composición”.

Este gas está presente tanto en calefones, estufas y termotanques defectuosos como en braseros, fogatas en interiores o incluso en gases industriales y gases de escape de vehículos. Su peligro radica en que es imperceptible al sentido humano: “Es incoloro, inodoro y no irritante”. Además, posee una afinidad por la hemoglobina 250 veces superior al oxígeno, lo que le permite desplazarlo en la sangre y provocar asfixia celular.

Según el último Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación en este año (2025), ya se han registrado 444 casos confirmados de personas afectadas por la intoxicación con monóxido de carbono, el gas que se libera por la combustión incompleta en un ambiente con poco oxígeno.

Los síntomas pueden variar según la concentración y el tiempo de exposición.

Los efectos incluyen: Cefalea, vómitos, dolores muscularesfatigaconvulsiones, hemorragias, insuficiencia renal, infarto, insuficiencia respiratoria, paro respiratorio y muerte”. Además, existen cuadros de intoxicación crónica por exposición repetida, que se manifiestan como: “Dolor de cabeza crónico, somnolencia diurna, trastornos del habla, del aprendizaje, paranoia y psicosis”.

En muchos casos, los síntomas se confunden con los de enfermedades gripales.

Tratamiento y prevención

“El tratamiento es con oxígeno a la mayor concentración posible y de forma inmediata”. En algunos casos, puede ser necesaria la internación en cámara hiperbárica. Sin embargo, todos los especialistas coinciden en que la prevención es la mejor herramienta.

“Los artefactos más peligrosos son los de cámara abierta, que toman el oxígeno del ambiente y liberan los gases hacia el interior”. “Todas las intoxicaciones por monóxido de carbono son evitables si se cumplen medidas básicas de control y ventilación”.

Las claves para evitar intoxicaciones por monóxido de carbono, según los expertos, son:

Dejar siempre 10 a 15 centímetros de ventana abierta, incluso con frío.

Realizar una revisión anual de todos los artefactos.

No tapar rejillas de ventilación.

No usar el horno ni hornallas para calefaccionar.

Verificar que la llama sea azul.

Instalar detectores de monóxido.
Al percibir un leve olor sospechoso o la posibilidad de una fuga de gas, muchas personas optan por no actuar de inmediato. Sin embargo, cualquier indicio —por más insignificante que parezca— debe ser atendido sin demora.

Actualmente, existen tecnologías que permiten localizar y corregir escapes rápidamente, sin necesidad de realizar intervenciones destructivas. La reciente actualización de la Norma NAG-203, validada por ENARGAS, facilita la aplicación de selladores específicos en conexiones con fuga, evitando trabajos estructurales.

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